Parte I · Doctrinas de Fe BautistasIV. La Salvación es por Gracia
Creemos que la salvación de los pecadores:
- Es gratuita para todos por medio de la fe en Cristo. Efesios 2:5–8; Romanos 3:24, 26; 5:1; Isaías 55:1.
- No depende de obras buenas que el hombre pueda hacer. Tito 3:5; Efesios 2:9–10; Gálatas 2:16.
- Tiene como único obstáculo la depravación inherente y el rechazo voluntario de Cristo como el único Salvador. Juan 3:19; 5:40; Romanos 9:32; 1:28–29.
- Rechazo que le acarrea condenación eterna. Juan 3:18, 36; Romanos 5:12; 6:23.
Parte IIPelagianismo
Pelagio (354–420) fue un religioso originario de Bretaña que, por razones un tanto desconocidas, alrededor del 390 se asentó en Roma. Su persona fue conocida y alabada por muchos, ya que, como estricto y riguroso asceta, aun sin pertenecer a una orden monástica específica, predicaba sobre todo con su propio ejemplo de abstinencia y disciplina.
Las persecuciones romanas contra la iglesia cesaron tras el Edicto de Milán (313), promulgado por Constantino y Licinio. El cristianismo, entonces, pasó a ser una religión lícita o permitida junto a todas las demás del Imperio. Y para el 380, el emperador Teodosio, en el Decreto de Tesalónica, declaró la fe cristiana como religión oficial del Imperio. Después de estos edictos imperiales, que en ciertos aspectos favorecieron a la iglesia, las consecuencias negativas no tardaron en aparecer. El fervor cristiano, característico de la era de los mártires, iba menguando paulatinamente, ya que ahora la vida no corría el peligro de antes. Ser cristiano en el Imperio se tornaba fácil y sin complicaciones: cualquiera podía serlo.
Pelagio definía su enseñanza moral a partir del andar en la santidad por el poder de la naturaleza humana, justificando así “que el hombre solo puede actuar de acuerdo con sus propias capacidades [naturales] si tiene un conocimiento preciso de sus propias capacidades y confiando en su fuerza”. Pelagio no hacía más que seguir la rica cultura filosófica estoica de la que, aparentemente, era heredero. Sus nuevos énfasis, por otro lado, no se apartaban tanto de la visión moral del sector griego. ¿Cuál fue el problema? Como bien dice Paul Tillich: “Si Pelagio se hubiera detenido ahí —en dar un considerable lugar a la libertad de la voluntad—, no habría sido considerado un hereje, porque la iglesia oriental, en general, tenía exactamente la misma idea… Pero Pelagio siguió adelante y desarrolló su doctrina en conflicto”.
Afirma Pelagio que Dios ha creado al hombre libre y que, por tanto, el pecado de Adán solo puede imputársele a Adán, y no al género humano. En otras palabras: no es un mal transmisible de generación en generación. Por lo que basta el esfuerzo humano para salvarse, llevando una vida recta y piadosa.
Sería absurdo, para Pelagio, que Dios demande y ordene sabiendo, a la vez, que los sujetos que reciben el mandamiento no pueden cumplirlo. El hombre se encuentra capacitado para hacerlo y así responder. Y para que este cumplimiento se realice fácilmente, entonces Dios ayuda con Su gracia. La gracia, entonces, es la posibilidad real del libre albedrío para no pecar, para determinar entre hacer el bien y no hacer el mal: la instrucción de la razón y la voluntad natural.
Los hombres, por naturaleza, tienen la capacidad inherente de no ser pecadores; es decir, de no ser como sus primeros padres, al decidir no imitarlos y obedecer la ley moral escrita en su corazón y conciencia. Estos pueden, de hecho, por sí mismos, no seguir el ejemplo de pecado y así, en conclusión, ser intachables y justos; esto se hace realidad imitando a Cristo, quien, en este caso, no es más que un ejemplo de perfección moral y elevación.
Respuesta a Pelagio
En el 416, gracias a la intervención de Agustín, los obispos africanos condenarían en los sínodos de Cartago y Mileve las tesis pelagianas y celestianas. A Roma también serían enviadas cartas sinodales que informarían a Inocencio (obispo de Roma, 401–417) sobre lo sucedido, y le pedirían su intervención condenando también las herejías de Pelagio y Celestio. Inocencio, respecto a Pelagio, tras echar un vistazo a su obra, diría: “Hallamos muchos textos contra la gracia de Dios, muchas blasfemias… nada que no sea desagradable, nada que cualquiera no tenga que condenar y pisotear”.
El ecuménico Concilio de Éfeso del 431 condenaría definitivamente tanto el nestorianismo como el pelagianismo.
Parte III¿Qué es la Gracia?
La gracia de Dios se ha definido con frecuencia como un favor que se recibe pero que no se merece. No es el resultado de algún trabajo realizado, sino un favor concedido por quien entrega el obsequio. Piensa, por ejemplo, en un regalo que recibes pero por el cual no trabajaste ni lo buscaste.
Cuando Adán y Eva pecaron, se hicieron dignos de castigo eterno y de separación de Dios (Génesis 2:17). De la misma manera, cuando los seres humanos pecan hoy se hacen merecedores de la ira de Dios y del castigo eterno: “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Esto quiere decir que, una vez que las personas pecan, la justicia de Dios requiere solo una cosa: que queden eternamente separadas de Dios, alejadas de la posibilidad de experimentar sus cosas buenas, y que vivan para siempre en el infierno, recibiendo solo la ira divina para siempre. De hecho, esto es lo que les sucedió a los ángeles que pecaron, y nos podría haber sucedido a nosotros también: “Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio” (2 Pedro 2:4).
1 Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:1–10Parte IV · Doctrinas de Fe BautistasVIII. El Propósito de la Gracia Divina
Creemos que la elección es:
- El propósito de Dios conforme al cual gratuitamente regenera, santifica y salva a los pecadores. 2 Tesalonicenses 2:13–14; 1 Pedro 1:2; 2:9; Juan 15:16.
- Que, estando en perfecta armonía con el libre albedrío del hombre, comprende todos los medios relacionados con el fin. Efesios 1:3–6, 11; 2 Timoteo 1; Romanos 8:29–30.
- La más gloriosa demostración de la soberana bondad de Dios. Romanos 2:4; 9:24; Efesios 1:7–9.
- Infinitamente gratuita, sabia, santa e inmutable; que excluye eternamente toda jactancia y promueve la humildad, el amor, la oración, la alabanza y la confianza en Dios, y la imitación activa de su gratuita misericordia, que en su certeza se manifiesta por sus efectos en todos aquellos que verdaderamente creen al evangelio. Romanos 3:27; 1 Corintios 1:30–31; 4:7; Efesios 2:8–9.
- La base de la seguridad cristiana; y estar ciertos de dicha elección con respecto a nosotros requiere y merece la más acendrada diligencia. Romanos 8:28–39; Filipenses 3:12–14; 1:6; 2:12–13.