Iglesia Cristiana Bautista — Palabra de Vida

Doctrinas Esenciales

La Unión Hipostática

La deidad y la humanidad de Cristo unidas en una sola persona

Parte I · Doctrinas de Fe BautistasII. El Verdadero Dios — b. Dios el Hijo

Cristo es el Hijo Eterno de Dios. En su encarnación como Jesucristo, fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María sin padre humano. Jesús se reveló y cumplió plenamente la voluntad de Dios, tomando sobre sí mismo las necesidades y las demandas de la naturaleza humana e identificándose completamente con la humanidad; y sin embargo, no tiene pecado. Él honró la Ley divina con su obediencia personal, y en su muerte en la cruz proveyó la redención del hombre; este quedó así redimido del pecado.

Fue levantado de entre los muertos con su cuerpo glorificado, y apareció a sus discípulos como la persona que había estado con ellos, antes de que fuera a la diestra de Dios el Padre, donde es el único Mediador y tiene la naturaleza de Dios y del hombre. Él volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y para consumar su misión redentora. Él ahora mora en todos los creyentes como el Señor viviente y omnipotente.

Parte IILa deidad de Cristo

Uno de los temas que más han generado discusión dentro del cristianismo es el asunto sobre la deidad de Cristo. Aún en la actualidad existen grupos sectarios que cuestionan si Jesús dijo ser Dios. El islam, por ejemplo, sostiene que Jesús fue un gran profeta, pero que durante la crucifixión alguien más tomó su lugar en la cruz. Pero, ¿qué decía Jesús de Sí mismo?

Es verdad que, conforme a las Escrituras, Jesús no dijo de manera explícita “Yo soy Dios”, pero vamos a encontrar expresiones de Jesús en la Biblia que no las podría decir si no fuera Dios:

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad. Mateo 13:41
8 Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9 mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. Lucas 12:8–9

Jesús menciona a “sus ángeles”. En la referencia de Mateo vemos también que habla de Su reino, y vamos a encontrar varias menciones a este reino como el reino de Dios (1 Corintios 6:9; Mateo 6:33; Mateo 4:17; Mateo 19:14, etc.).

Otra de las evidencias fue que Jesús afirmaba tener el poder de perdonar los pecados, lo que le causó acusaciones de blasfemia por parte de los escribas:

Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Marcos 2:5
¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Marcos 2:7

Parte IIILa humanidad de Cristo

Aunque esta es una doctrina menos controversial que la anterior, es importante que podamos encontrar en la Palabra las evidencias de la encarnación del Hijo, y la vinculación que esto tiene con nuestra salvación.

El primer aspecto que debe sobresalir es que Jesús nació. Aunque su concepción fue milagrosa, pasó por todo el ciclo de desarrollo de un ser humano. María se embarazó y gestó su cuerpo humano en su vientre, y luego nació de manera natural.

Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. Lucas 2:52

Al voluntariamente despojarse de su gloria, la Biblia narra que fue creciendo en sabiduría (recordemos los atributos de Dios) y físicamente, alimentándose con agua y comida como todos nosotros; aunque se especula que, ya que su cuerpo era libre de pecado, probablemente no enfermaba.

Además, tenía las mismas limitaciones fisiológicas que todos tenemos:

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Mateo 4:2
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Juan 19:28
Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Juan 4:6

Además de tener las limitaciones fisiológicas de los seres humanos, mostró tener emociones y sentimientos, y los manifestó de manera natural:

36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Mateo 26:36–37
Les he dicho esto para que tengan mi alegría, y así su alegría sea completa. Juan 15:11

Aunque es verdad que estas mismas manifestaciones las muestra Dios, existen otras que no. Como ya mencionamos, Jesús creció en sabiduría. Además:

Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Lucas 7:9

También nos manifestó que, mientras su cuerpo no había sido glorificado, no tenía la omnisciencia:

Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Marcos 13:32

Y todo esto nos lleva al tema en cuestión: ¿cómo pueden coexistir las dos naturalezas —Dios y hombre— de Jesús?

Parte IVUnión Hipostática

Hipóstasis

La palabra “hipostática” es una transliteración del griego hupostasis, que significa sustancia o naturaleza, y “denota una subsistencia personal real”. En Hebreos 1:3 encontramos esta palabra, la cual describe la naturaleza de Dios el Hijo respecto a la de Dios el Padre: “Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza” (gr. hupostasis).

Introducción

Una de las distinciones más importantes que aprenderán a hacer será entre una distinción y una separación.

Al definir la humanidad y la deidad de Cristo, no las estamos separando. Simplemente estamos observando y distinguiendo los rasgos de la persona de Cristo.

Es importante aclarar que, como la Trinidad y la relación entre el libre albedrío y la soberanía divina, este es un tema muy complejo, pero también muy importante, ya que está vinculado a nuestra salvación: “si Jesús no era realmente uno de nosotros, la humanidad y la deidad no se unieron y nosotros no podemos ser salvados”.

Para que Jesús pudiera representar a la humanidad, se hizo humano. Pero para poder cubrir la deuda de pecado de la humanidad, tiene que ser eterno.

Para poder aclarar la importancia y la dificultad de este tema, conoceremos algunas enseñanzas que atacan este entendimiento sobre la naturaleza de Jesús.

Herejía

Nestorianismo

El nestorianismo sostenía, entre otros, estos puntos:

  1. En Cristo existen dos naturalezas como dos personas distintas.
  2. Entre las personas no existe una unión sustancial (o hipostática), sino meramente accidental o moral.
  3. El hombre que hay en Cristo no es Dios, sino su portador.

De las declaraciones de Nestorio y las reacciones a sus ideas surge la idea tradicional del nestorianismo como una herejía que divide al Dios-hombre en dos personas distintas. Es esta herejía la que se condena.

Otros intentos de explicar la naturaleza de Cristo

Hay cuatro intentos o explicaciones adicionales:

  1. La idea de que el hombre Jesús se convirtió en Dios (adopcionismo).
  2. La idea de que el ser divino, Dios, asumió una humanidad impersonal en lugar de una personalidad humana individual (cristología no hipostática).
  3. La idea de que la segunda persona de la Trinidad cambió su deidad por humanidad (kenoticismo).
  4. La idea de que la encarnación era el poder de Dios presente en un ser humano (doctrina de la encarnación dinámica).

Doctrina de las dos naturalezas en una persona

6 El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Filipenses 2:6–7

Aunque se pudiera creer que este pasaje implica que el Hijo se despojó de sus atributos divinos, debemos entender que la encarnación fue más una aportación de los atributos humanos que una pérdida de atributos divinos. El pasaje de Filipenses no indica que dejara de poseer la naturaleza divina. Esto queda claro en Colosenses 2:9:

Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Colosenses 2:9

Una mejor forma de entender el pasaje de Filipenses es que la expresión “tomando forma de siervo” es contrastante con la de “ser igual a Dios”. De esto podemos concluir que voluntariamente dejó de ser igual a Dios, pero siguió teniendo la naturaleza de Dios. Esto lo vemos en el texto, que nos dice que se “despojó” de algo, pero no nos dice de qué. Aunque no dejó de ser en naturaleza lo que era el Padre, funcionalmente quedó subordinado al Padre durante el periodo de la encarnación. Jesús hizo esto con el propósito de revelar a Dios y redimir a la humanidad.

Debemos recordar que Jesucristo es nuestro representante (1 Timoteo 2:5). Así como en Adán todos caímos, en Cristo muchos serán salvos (Romanos 5:12–21). Por tanto, como nosotros, nuestro representante tenía que ser verdaderamente humano (Hebreos 2:14–15). Cristo es verdaderamente humano; en su naturaleza humana, Él es exactamente como nosotros (aunque sin pecado) y comprende nuestras luchas (Hebreos 4:15). Y nosotros, en gloria, seremos exactamente como Él en su naturaleza humana. Si Jesús hubiese sido algo distinto a un ser humano, no habría podido representarnos en la cruz.

Para que la redención conseguida en la cruz le sirva a la humanidad, debe ser obra del Jesús humano. Pero para tener el valor infinito necesario para expiar por los pecados de todos los seres humanos en relación con un Dios santo y perfectamente infinito, debe ser también la obra del divino Cristo. Si la muerte del Salvador no es la obra de un Dios-hombre unificado, será deficiente en un punto o en otro.

Solo aquel que es Dios puede traernos a Dios; solo aquel que es hombre puede ocupar nuestro lugar.

Timothy George

Concilio de Calcedonia (451 d.C.)

Reconocemos a uno solo y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, en Sus dos naturalezas: dos naturalezas sin mezcla ni confusión —contra el monofisismo—; sin cambio ni mutabilidad; sin división y sin separación —contra el nestorianismo—. La unión de las dos naturalezas no destruye sus diferencias, sino que más bien las propiedades de cada naturaleza se preservan y concurren en una única persona y en una única subsistencia. Concilio de Calcedonia, 451 d.C.