Iglesia Cristiana Bautista — Palabra de Vida

Doctrinas Esenciales

La Justificación

Cómo el pecador es declarado justo delante de Dios por medio de la fe

Parte I · Doctrinas de Fe BautistasVII. La Justificación

Creemos que la justificación es:

  • El gran bien que Cristo asegura a los que son salvos. Juan 1:16; Hechos 13:38–39; Romanos 5:1, 18; Gálatas 2:16.
  • El perdón del pecado, atribuyéndoles Dios la justicia de Cristo. Romanos 3:24–25; 4:5–8; Tito 3:5–7.
  • Introducirnos a un estado altamente bienaventurado de paz y favor con Dios, haciendo nuestros desde ahora y para siempre todos los demás bienes que fueren necesarios. Hechos 10:42–43; Romanos 4:23–25; 5:8–10.

Distinción de temas

Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. Romanos 8:30

En esta ocasión, el tema sobre el que vamos a hablar es la justificación. Podemos ver en este versículo un tema que es de controversia dentro del cristianismo: el tema de la predestinación. Ese tema no lo tocaremos en este curso, ya que nuestra confesión no toma una postura sobre ninguna de las múltiples corrientes que hay sobre estos temas soteriológicos.

Definiciones

Justificación
Probanza que se hace de la inocencia o bondad de una persona, de un acto o de una cosa.
Justificar
Probar la inocencia de alguien en lo que se le imputa o se presume de él.
Justo
Que vive según la ley de Dios.

Parte IIJustificación forense

A raíz de la introducción del pecado en la humanidad, la imagen del ser humano que creó Dios (Génesis 1:26) ha sido distorsionada. A causa del pecado, nuestro carácter moral ha sido corrompido. La consecuencia es que para la humanidad es imposible cumplir con todo lo que la ley de Dios nos exige.

La justificación es la acción de Dios de pronunciar que los pecadores somos rectos ante sus ojos.

Históricamente, la justificación fue el tema que preocupó a Martín Lutero, y el tema que lo llevó a separarse de la Iglesia católica romana. Este tema tiene una gran importancia para nosotros, pues responde a la cuestión: ¿cómo puedo estar bien con Dios?

Justificación forense

Es importante tener claro por qué se dice que la declaración de ser justo es un término forense. La palabra “forense” en este contexto hace referencia a una declaración. El hecho de que Dios nos vea como “justos” no es algo que nos ganemos por mérito.

Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Romanos 4:5

Además, quiero resaltar que el estado de justificación no es algo análogo; es decir, no podemos estar “medio justificados” o ganar y perder cierto grado de justificación (como enseña Roma). No se puede ser declarado parcialmente justo por cumplir una parte de la ley, ya que la parte que no cumplimos nos condena. La opción para ser justos nunca fue cumplir alguna cantidad de leyes, sino toda la ley de Dios.

¿Cómo obtenemos esa justificación?

Llegados a este punto, vamos a ver lo que nos enseña la Biblia en el pasaje que leímos de Romanos 4:

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. 4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. 6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, 7 diciendo:

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Romanos 4:1–8

La justificación no crece ni se obtiene por medio de ninguna obra. El único medio para que podamos obtener esta justificación es la fe: una fe genuina en Cristo, pues Él es el único medio para que podamos acercarnos a Dios.

Parte IIIObjeciones a esta doctrina

¿No es una ficción en la que Dios trata a los pecadores como si no hubieran pecado, o, en otras palabras, pretende que los pecadores sean algo distinto de lo que son realmente? Esta interpretación de la justificación hace parecer a Dios culpable de engaño.

No se trata de que Dios esté diciendo que los pecadores no son pecadores. Lo que hace Dios es imputar la rectitud de Cristo en nosotros. Una forma de entender la imputación es entender lo que es andar en rectitud:

  1. Una persona que nunca ha infringido la ley sería inocente; sería una persona justa.
  2. Una persona que infringe la ley, pero que cumple con la pena impuesta por infringirla, sigue siendo justa.

El segundo caso es el sentido en el que debemos entender que la justicia de Cristo es imputada a nosotros los creyentes, pues Cristo pagó por nuestros pecados en la cruz. La pena del pecado ha sido pagada, y por lo tanto los requisitos de la ley se han cumplido. No es, pues, una ficción que los creyentes sean rectos, porque la rectitud de Cristo se les ha imputado a ellos.

Una de las objeciones que se plantean a veces a las doctrinas de la expiación sustitutiva y la justificación forense es que la virtud simplemente no se puede transferir de una persona a otra. Sin embargo, debería tenerse en cuenta que esto no es algo tan externo como a veces se piensa, porque Cristo y el creyente no están tan lejos uno de otro como para que, cuando Dios mire objetivamente al creyente, no pueda ver también a Cristo con su rectitud, sino que solo lo finja. Más bien, Cristo y el creyente han llegado a tal tipo de unidad que las cualidades espirituales de Cristo, por así decirlo, y las posibilidades y deudas espirituales del creyente se mezclan. Por tanto, al observar al creyente, Dios el Padre no lo ve a él solo: ve al creyente junto con Cristo, y en el acto de la justificación los justifica a ambos juntos. Es como si Dios dijera: “¡Son rectos!”. Declara sobre el creyente lo que realmente es cierto, lo que llegó a suceder cuando Dios hizo que el creyente fuera uno con Cristo.

La justificación, por lo tanto, es un asunto de tres partes, no de dos, y es voluntario para las tres. Jesús no es una víctima reacia obligada a realizar la tarea: Él voluntariamente se da a Sí mismo y se une al pecador. También hay una decisión consciente por parte del pecador de entrar a formar parte de esta relación. Y el Padre voluntariamente la acepta. Que nadie se sienta obligado significa que todo es completamente ético y legal.

Teología Sistemática, Millard Erickson, Parte 10.

¿Qué pasa entonces con Santiago?

Otros critican —e incluso abusan de— esta cuestión. Han existido corrientes de pensamiento que enseñan que entre más pequemos, más se glorifica Dios, porque perdona más pecados. Esto, desde luego, es absurdo, pues toda la gloria le pertenece solo a Él. Otros lo usan como una “licencia para pecar”: como Jesús ya pagó, entonces ya puedo vivir como quiera, siempre que crea en Él. Esto no es una fe genuina:

14 Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? 15 Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, 16 y uno de ustedes le dice: «Vaya en paz; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? 17 Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.

Santiago 2:14–17 (NVI)

En esta traducción se hace esa distinción sobre “esa fe”. Una persona que tiene una fe genuina en Dios va a esforzarse por obedecer a Dios. Debemos tener claro que las obras buenas son fruto de una fe genuina. Por esto mismo vemos en 1 Corintios 3:

13 La obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1 Corintios 3:13–15

Parte IVConclusión

Así pues, tengamos claro que la justificación es por medio de la fe:

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8–9
Es importante que nos quede claro lo que es la imputación de la justicia de Cristo y el medio por el que la obtenemos. Independientemente de la postura soteriológica que tengamos sobre la predestinación y el orden en que se da este proceso, la realidad es que la justificación es un regalo que Dios nos da —gracia— y nos hace justos delante de Dios.