Parte IEl Verdadero Dios
Hay un solo Dios viviente y verdadero. Es un ser personal, inteligente y espiritual, el Creador, Redentor, Conservador y Gobernante del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las demás perfecciones. A Él debemos el amor más elevado, reverencia y obediencia. El Dios eterno se nos revela a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, quienes, siendo iguales en toda perfección divina, desempeñan oficios diferentes aunque unísonos en la obra de la redención.
Dios el Padre
Dios como Padre reina con cuidado providencial en su universo, en sus criaturas y en la corriente de los ríos de la historia humana, según los propósitos de su gracia. Él es todopoderoso, todo amor, todo sabio. Dios es el verdadero Padre de todos aquellos que llegan a ser hijos de Él por medio de la fe en Cristo Jesús. Él es paternal en su actitud para con todos los hombres que han sido salvos.
Parte IIEl sentido humano interno de Dios
18 Pero Dios muestra su ira desde el cielo contra todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión. 19 Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. 20 Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios.
21 Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión. 22 Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios. 23 Y, en lugar de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de cuatro patas y de reptiles.
Romanos 1:18–23Si rastreamos los inicios de la humanidad con ojo científico, es imposible negar que el ser humano siempre ha tenido noción de que existe algo más. Desde los sumerios, encontramos imágenes que ilustran diversos dioses, mostrando esa conciencia interna sobre la existencia de Dios.
En la historia de la humanidad vamos a encontrar diversas formas de tratar de explicar la propia existencia de la creación desde esta perspectiva, y vamos a ver una “evolución” en las religiones.
Animismo
Indica la idea de que hay almas vivientes, espíritus o personalidades en lo que normalmente consideraríamos como objetos inanimados o no vivientes, tales como rocas, árboles, tótems, estatuas, etc.
R.C. Sproul (2023). ¿Qué es la Trinidad? Ligonier y Poiema Publicaciones.
Podemos encontrar el animismo especialmente en las religiones politeístas. Lo más común en la antigüedad era que las sociedades tuvieran un dios para cada aspecto de la vida: fertilidad, lluvia, guerra, comida, etc.
Hay quienes erróneamente han afirmado que el animismo puede encontrarse en la Biblia cuando en el Antiguo Testamento las personas interactuaban con Dios; por ejemplo, Moisés con la zarza ardiente, o la burra de Balaam.
Más adelante en la historia vamos a encontrar otra etapa, que es el henoteísmo. Vamos a ver que las naciones tienen cada una un dios: los judíos tendrían a Yahvé, los filisteos a Dagón, los cananeos a Baal, etc. Cada nación conocía que las otras naciones tenían sus dioses, y que las batallas que libraban entre ellas eran, en su entendimiento, batallas entre esos dioses.
Esto nos muestra sin lugar a dudas que todo ser humano, sin importar que se diga a sí mismo ateo, tiene esa noción de que hay algo más que nos ha creado y nos ha dado conciencia. Esto se hace muy evidente, por ejemplo, en quienes dicen no creer en Dios, en los momentos de crisis. A veces, hasta de manera casual, escuchamos de ellos expresiones como “gracias a Dios”, “ya está en el cielo”, “descanse en paz”, etc.
Para el que cree en Dios, la noción de su existencia se vuelve más fuerte conforme le va conociendo. Entre más le conocemos, más podemos ver cómo obra en el mundo, y esto nos permite reconocerlo con más firmeza como nuestro creador y creador de todo lo que podemos ver y sentir.
¿Qué nos dice la Biblia acerca de Dios?
Una vez que reconocemos esta noción interior que Dios ha puesto en nosotros, y que ya hemos explorado lo que es la Biblia, es importante ver qué nos dice la Palabra acerca de Dios.
Desde el primer versículo nos habla sobre la eternidad, el poder y la voluntad de Dios:
Si hemos aceptado que, como vimos en las sesiones pasadas, la Biblia contiene la verdad, que es infalible e inerrante, entonces podemos ver no solo que Dios existe, sino que podemos conocer varios aspectos sobre quién es Dios.
Es obvio para nosotros que la Biblia asume la existencia de Dios. Pero no es la única evidencia de su existencia. La realidad es que, buscando en la historia, en la naturaleza, en los seres humanos y en nosotros mismos, podemos encontrar clara evidencia de su existencia.
Parte IIIPruebas tradicionales de la existencia de Dios
Dentro de los debates que se han dado en la historia registrada sobre la existencia de Dios, vamos a encontrar, principalmente en la filosofía, diversos argumentos para defender la existencia de un ser superior sin necesidad de probar primero que la Biblia es la palabra de Dios.
Existen muchas formas de argumentar sobre la existencia de Dios por medio de la ciencia. Grudem menciona que estos argumentos se pueden clasificar en cuatro categorías:
1. Argumento cosmológico
Todo lo conocido en el universo tiene una causa, por lo que el universo mismo debe tener una causa.
En la física clásica, la afirmación de que todo tiene una causa es una regla absoluta conocida como determinismo causal. Bajo este principio, formulado por científicos como Isaac Newton y Pierre-Simon Laplace, el universo funciona como un mecanismo de relojería perfecto, donde el presente es el efecto directo del pasado y la causa exacta del futuro.
2. Argumento teleológico
Es una extensión del anterior. Se enfoca principalmente en la armonía, el orden y el diseño del universo. Podemos ver un diseño inteligente en la creación; además, vemos un equilibrio muy fino en el que cualquier cambio mínimo provocaría que nada de lo que hoy vemos existiera. Por ejemplo:
Un solo grado de diferencia en los primeros minutos del Big Bang alteraría las leyes de la nucleosíntesis primordial (la formación de los primeros elementos químicos):
- Adiós al agua y a las estrellas estables: un universo primitivo más caliente habría fusionado el hidrógeno en helio de forma mucho más agresiva. Habría un exceso masivo de helio y casi nada de hidrógeno libre. Sin hidrógeno libre, no existiría el agua (H₂O) ni el combustible principal que quema nuestro Sol.
- Estrellas de vida corta: las pocas estrellas que lograran formarse serían gigantescas, inestables, y estallarían rápidamente como supernovas, impidiendo el tiempo necesario para que evolucione la vida.
- Modificación de la gravedad cósmica: la relación entre la materia oscura y la energía oscura se desequilibraría. La expansión del tejido espacial habría sido diferente, desgarrando potencialmente los cúmulos de galaxias antes de que pudieran unirse.
En conclusión, un grado más en el termómetro cósmico actual es insignificante, pero un grado más en los planos originales del universo habría resultado en un cosmos estéril, oscuro y sin vida.
3. El argumento ontológico
La sola idea de Dios implica necesariamente su existencia. Dios es un ser más grande que cualquier otra cosa que se pudiera imaginar.
A diferencia de otros argumentos que miran al mundo físico —como el orden del universo o el Big Bang—, este es un argumento a priori: intenta demostrar la existencia de Dios usando solo la razón pura y la lógica, sin necesidad de observar el mundo exterior.
4. El argumento moral
El argumento moral defiende la existencia de Dios a partir de la experiencia humana de la moralidad. A diferencia del argumento ontológico, este es un razonamiento basado en la práctica y la conciencia: afirma que los valores morales objetivos solo pueden explicarse si existe un legislador supremo.
El argumento se resume de forma muy sencilla en tres pasos lógicos (silogismo):
- Premisa 1: Si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.
- Premisa 2: Los valores y deberes morales objetivos sí existen.
- Conclusión: Por lo tanto, Dios existe.
Advertencia
Es importante, antes de usar estos argumentos, realizar un estudio profundo si queremos emplearlos como pruebas objetivas de la existencia de Dios. Estos debates no son algo nuevo y no se pueden tomar a la ligera. Aquí solo hicimos una muy breve exposición, pero podemos concluir con lo siguiente: